¿Cómo elegir contenido infantil de calidad y acompañar a nuestros hijos en el mundo digital?

Las vacaciones son una oportunidad para descansar, jugar, convivir y descubrir nuevas experiencias en familia. Pero también sabemos que; durante estos días, las rutinas cambian: los niños tienen más tiempo libre, los horarios son diferentes y para muchas familias, las pantallas se convierten en una herramienta para entretenerlos mientras mamá y papá trabajan, realizan actividades del hogar o simplemente necesitan unos minutos para descansar. Y entonces aparece una pregunta que probablemente muchas mamás y papás se han hecho: ¿Cuánto tiempo debería pasar mi hijo o hija frente a una pantalla? pero quizá hay otra pregunta igual de importante ¿Qué está viendo mi hijo durante este tiempo? No todas las experiencias frente a una pantalla son iguales. No es lo mismo ver una historia que invita a imaginar y conversar, escuchar una canción, descubrir cómo funciona el espacio o pasar largos periodos deslizando vídeos que cambian constantemente.

Por eso, más que pensar únicamente en "sí ver pantallas" o "no ver pantallas", podemos aprender a utilizarlas de una manera más consciente, como herramienta o como una oportunidad para aprender. La diferencia está en cómo la integramos a la vida de nuestros hijos e hijas.


Más allá del tiempo: ¿qué estamos viendo?

Cuando hablamos del uso de pantallas en las infancias, solemos reducirlo a un número "30 minutos, 1 hora, 2 horas". Y sí, el tiempo es importante, especialmente en los primeros años de vida.

La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar el tiempo sedentario frente a pantallas en menores de 5 años y priorizar actividades como el juego activo, el sueño y la interacción con las personas que los rodean.

En el caso de niños y niñas de 3 y 4 años, la recomendación es clara: no más de 1 hora diaria de tiempo sedentario frente a pantallas. Pero también es importante ver que ocurre en ese tiempo, podemos preguntarnos: ¿El contenido es apropiado para su edad? ¿La historia es comprensible? ¿Invita a imaginar, crear o aprender? ¿Los personajes enfrentan consecuencias por sus acciones? ¿Mi hijo puede distinguir lo que ocurre en la ficción y lo que sucede en la vida real? ¿Después de verlo se muestra tranquilo, curioso y dispuesto a continuar con otras actividades? ¿Podemos conversar sobre lo que vimos? Estas preguntas pueden ayudarnos a pasar de un consumo automático a un consumo acompañado y consciente.


¿Todas las caricaturas son iguales?

La respuesta corta es "no". Algunos contenidos infantiles tienen un ritmo muy acelerado, con cambios constantes de imágenes, sonidos, colores y estímulos. Otros tienen un ritmo más pausado y permiten que los niños sigan una historia, comprendan las emociones de los personajes y construyan conexiones con situaciones de su propia vida. Pero esto no significa que una caricatura pueda clasificarse simplemente como "buena" o "mala". También es importante considerar:

Edad del infante + contenido + tiempo + contexto + acompañamiento de un adulto.

Incluso una historia en la que un personaje se comporta de una manera que no consideramos adecuada puede convertirse en una oportunidad para conversar. Por ejemplo: "¿Crees que estuvo bien lo que hizo el personaje?" "¿Qué hubiera pasado si tú hicieras eso?" "¿Cómo crees que se sintió la otra persona?" "¿Eso ocurre así en la vida real?". De esta manera, una caricatura deja de ser solamente algo que nuestros hijos e hijas "miran" y puede convertirse en un punto de partida para pensar, conversar y aprender.


Un ejemplo: ¿por qué Bluey puede ser una buena opción?

La historia sigue a Bluey, una cachorra de siete años, y a su familia, y gran parte de sus aventuras surgen de situaciones cotidianas y juegos de imaginación.

La serie ha sido reconocida por su capacidad para conectar con niños y adultos a través de experiencias familiares y del juego. Pero, ¿qué podemos encontrar en ella que resulte interesante desde una perspectiva familiar?

- El juego como herramienta de aprendizaje.

En muchos episodios, el juego imaginativo ocupa un lugar central. Los personajes transforman situaciones cotidianas en aventuras: una habitación puede convertirse en otro mundo, una actividad familiar puede transformarse en un juego y una situación sencilla puede dar lugar a una historia. Esto puede recordarnos que el juego no es solamente una forma de entretenimiento. También permite a los niños y niñas experimentar roles, expresar emociones, resolver conflictos y desarrollar su imaginación.

Después de ver un episodio, podemos llevar ese juego fuera de la pantalla: ¿Jugamos a inventar nuestra propia aventura?. Así, la pantalla puede ser el inicio de una actividad que continúa en el mundo real.

- Las emociones también forman parte de la infancia.

Bluey presenta situaciones en las que aparecen emociones como frustración, tristeza, miedo, celos, alegría o enojo. Esto puede ser una oportunidad para que las familias conversen sobre lo que sienten los personajes: ¿Por qué crees que está triste? ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Qué podría ayudarlo?". No necesitamos convertir cada capítulo en una clase. A veces, una sola pregunta después de verlo es suficiente para ayudar a las infancias a identificar y expresar sus emociones.

- Los adultos también pueden equivocarse.

Uno de los aspectos interesantes de las historias familiares es que los adultos no siempre tienen la respuesta perfecta. Y esto puede ser una oportunidad para mostrar a los niños y niñas algo importante: equivocarse también forma parte de aprender. En lugar de presentar a los padres como personas que siempre saben qué hacer, podemos mostrar que las familias aprenden juntas, se escuchan, se disculpan y buscan soluciones. Esto conecta con una idea que podemos reforzar también desde casa: No necesitamos ser padres perfectos para acompañar a nuestros hijos e hijas. Necesitamos estar presentes y dispuestos a aprender con ellos.


Entonces... ¿cómo elegir una buena caricatura?

En lugar de buscar una lista de programas "perfectos", podemos enseñar a nuestros hijos —y a nosotros mismos— a elegir.

Antes de presionar "play", podemos preguntarnos:

1. ¿Es adecuada para su edad? Lo que resulta interesante para un niño de 8 años puede ser demasiado complejo para uno de 3.

2. ¿Tiene una historia que podemos comprender? Una historia sencilla puede ser más enriquecedora que una sucesión de estímulos que no permite seguir una narrativa.

3. ¿Invita a pensar o imaginar? ¿Podemos hablar sobre lo que ocurrió? ¿Podemos inventar otro final? ¿Podemos jugar después?

4. ¿Qué modelos de comportamiento presenta? No necesitamos buscar personajes perfectos. Podemos observar cómo se representan la amistad, los conflictos, el respeto, la empatía y las consecuencias de las acciones.

5. ¿Qué podemos hacer después de verla? Una buena experiencia no necesariamente termina cuando aparecen los créditos. Podemos: Dibujar lo que vimos, inventar un nuevo final, representar una escena, crear un juego, buscar información sobre un tema que despertó su curiosidad, aprender una palabra nueva.


☀️Durante estas vacaciones no se trata de eliminar las pantallas por completo, sino de aprender a convivir con ellas de manera equilibrada. Después de ver una caricatura, podemos salir a jugar; después de escuchar una canción, podemos bailar; después de una película, podemos conversar.

La pantalla puede ser una pausa, una herramienta o una fuente de entretenimiento, pero nunca debería ser la única forma de jugar, aprender o descubrir el mundo.

El reto está en transformar cada momento frente a la pantalla en una oportunidad de diálogo, preguntar ¿qué fue lo que más te gustó? ó ¿qué hubieras hecho tú? abre la puerta a conversaciones que fortalecen vínculos y nos permiten conocer mejor a nuestros hijos e hijas.

En el Centro Educativo Miguel Lara Vasallo creemos que la educación ocurre dentro y fuera del aula: en casa, en el juego, en las historias compartidas y en cada experiencia que acompaña el crecimiento.

Estas vacaciones los invitamos a buscar ese equilibrio entre descansar, convivir, aprender y disfrutar. Porque el objetivo no es criar niños y niñas que nunca usen una pantalla, sino acompañarlos para que aprendan a utilizarla de manera consciente, segura y saludable.